Frágil democracia. ¿Corre peligro la democracia en el Perú?

Por Fernando Rospiglios, periodista y analista político.


La posibilidad de interrupción de la democracia debe entenderse en el nuevo contexto de América Latina de las últimas dos décadas. Hoy ya no es posible que los militares derroquen a un gobierno elegido y se hagan del poder, como fue común desde principios del siglo XIX hasta la década de 1970. Y no es porque las sociedades, los políticos o los militares hayan cambiado, sino porque EEUU y la comunidad internacional han prohibido los golpes militares. Desaparecido el bloque comunista, ningún gobierno en América Latina podría sobrevivir a un bloqueo financiero, económico y comercial de EEUU y los países desarrollados, en caso un uniformado se hiciera del poder por la fuerza.

Pero como nuestros países siguen siendo pobres, desiguales y fragmentados, las crisis de gobernabilidad son tan frecuentes como antes. Lo novedoso es el nuevo camino para procesar esas crisis: el derrocamiento de los gobiernos, combinando movilizaciones de masas descontentas con censuras en el Congreso, y reemplazos seudoconstitucionales.
Eso podría ocurrir en los próximos años, de manera similar a lo ocurrido antes en Brasil, Venezuela, Guatemala, Ecuador, Paraguay, Perú, Bolivia y Argentina.

Telón de fondo
Como telón de fondo de la coyuntura, hay tres cosas importantes de resaltar. La primera, la debilidad y el desprestigio de las instituciones, en particular los partidos políticos, y el Poder Judicial (ver encuesta) y el Ministerio Público. Segundo, la permanencia de la pobreza y las desigualdades a pesar  del extraordinario crecimiento económico de los últimos años. Tercero, la reinstalación de ideas populistas, estatistas y proteccionistas en amplios sectores de la población.

El peor escenario
El peor escenario es el que está prefigurado hoy. Si eso no cambia, las posibilidades de un período de inestabilidad y de derrocamiento del próximo gobierno son muy altas. Este escenario consiste en:

1) Sistema político fragmentado y desacreditado. Más de 30 "partidos" políticos (casi ninguno merece el nombre de tal) e infinidad de grupos regionales. Desconfianza casi absoluta de la población en los "partidos", sus líderes y sus representantes.

2) Si se mantienen las tendencias indicadas por las encuestas hoy, quien quiera que gane las elecciones del 2006 lo hará con una minoría de votos. Y tendrá un Congreso igual o más fragmentado que el actual.

3) Las expectativas generadas por el proceso electoral y las promesas de los candidatos desbordarán de inmediato al nuevo gobierno. La experiencia de la gente, desde 1998 en adelante, es que para conseguir lo que desea tiene que recurrir a la huelga, el bloqueo y la violencia. Actos que, por lo demás, son impunes en el 99.99% de los casos. Al igual que el gobierno de Alejandro Toledo, que tuvo que afrontar reclamos desmesurados desde el primer día, el próximo gobierno se verá de inmediato asediado. Incluso si su manejo fuera más hábil que el del actual, difícilmente podrá satisfacer las demandas e imponer el orden.

4) Varios grupos políticos de oposición, grandes y pequeños, con base en la experiencia peruana y de otros países, tratarán de derribar al nuevo gobierno para intentar pescar a río revuelto en una nueva elección.

5) Desaceleración del crecimiento por efectos de lo que ocurre en la economía mundial y la subida de los precios del petróleo, así como de los desórdenes sociales internos.

En ese contexto, lo que ocurriría probablemente sería la exacerbación de las protestas sociales, de los reclamos desmedidos y maximalistas, sumados a la poca capacidad de un gobierno limitado para aplicar su programa por la estrechez fiscal y la oposición del Congreso. En relativamente poco tiempo estaría al borde del abismo y probablemente sería derrocado, instalándose un presidente provisional, nuevas elecciones, entre otros.

Todo lo cual genera más incertidumbre e inestabilidad; y a su vez hace caer la inversión y arrastra la economía hacia abajo. Un círculo vicioso sin perspectiva de salida.

El mejor escenario

1) El gobierno de Alejandro Toledo sigue cometiendo estropicios políticos -es inevitable- hasta el final de su mandato, pero mantiene una política económica responsable, que permite un tránsito sin sobresaltos.

2) El ganador de las elecciones obtiene un relativamente alto porcentaje de votos, y con inteligentes alianzas logra una mayoría en el Congreso que le posibilita aplicar una política definida.

3) El nuevo gobierno emprende las reformas más urgentes e indispensables: judicial, educación, policía y fuerzas armadas.

4) Avanza en las concesiones imprescindibles (por ejemplo el caso de los puertos y agua) y concentra su acción y los recursos en las prioridades básicas: salud, educación, seguridad.

5) Desarrolla una política de diálogo y negociación con los sectores que reclaman, y a la vez aplica la autoridad con firmeza, disminuyendo progresivamente las expresiones de desorden.

Esos son los dos escenarios extremos. La realidad probablemente estará en algún punto intermedio. Dependiendo de si está más cerca del mejor o del peor, el país saldrá adelante o se despeñará en la espiral de caos político y social que asola a algunos países de la región.

Publicado en Semana Económica No. 980, 24 de julio del 2005

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