Poderosos caballeros

Por Gonzalo Carranza, Analista de Semana Económica.


Veinte años no es nada, dice el tango, y en el Perú la frase resuena con la nostálgica certeza de un vals criollo. En 1987, el hombre más poderoso del país –según la encuesta que publicaba en ese entonces la revista Debate–, era Alan García; el empresario más poderoso, Dionisio Romero; y el intelectual más influyente, Mario Vargas Llosa. Es más, si hace 20 años se hubiese consultado a los líderes de opinión que responden este sondeo por el personaje popular con más influencia entre el público, el por entonces veinteañero Jaime Bayly probablemente habría ocupado una posición tan privilegiada como la de este año: el primer puesto.

Sin embargo, otros primeros puestos en las listas del poder son de más reciente factura: Luis Carranza entre los economistas, Augusto Álvarez Rodrich y Cecilia Valenzuela entre los periodistas, y Ollanta Humala dentro de los “desestabilizadores”, son hijos de la repartición de poderes de esta década. ¿Qué lleva a estas personalidades a ocupar el sitial del poder en sus sectores, ya sea por unos meses o por dos décadas?

¿Herederos de Don Pasamano?

Fernando Pasamano fue el nombre que le dio Julio Ramón Ribeyro al personaje de un cuento suyo –El banquete– que despilfarraba toda su fortuna para organizar una recepción en honor al presidente de turno. La lógica: obtener un par de prebendas que le aseguraran el futuro.

“–Con una embajada en Europa y un ferrocarril a mis tierras de la montaña rehacemos nuestra fortuna en menos de lo que canta un gallo –decía a su mujer–. Yo no pido más. Soy un hombre modesto.

–Falta saber si el presidente vendrá –replicaba su mujer–.”

El cuento cobra actualidad al ver uno de los criterios que determinan la asignación del poder en distintos ámbitos: la cercanía a los políticos (poderosos, obviamente). “La institucionalidad es débil y, peor aún, está diseñada para privilegiar la distribución de la riqueza en vez de la creación de la misma. Eso alienta a algunos empresarios, que si bien van cambiando, siguen buscando rentas y privilegios en relaciones de poder que les resulten beneficiosas a ellos, pero no al resto. Creo que eso explica, en parte, que en el ranking de empresarios figure Dionisio Romero como el más poderoso, aunque su fortuna probablemente sea menor que la de los hermanos Brescia”, apunta Pablo Secada, economista principal del Instituto Peruano de Economía.

El caso de Romero es particularmente gráfico: como señala Secada, su condición de hombre más rico del Perú es mucho menos evidente que su reiterado sitial como el empresario más poderoso, lo que se debería a su cercanía con el mundo político. Ésta puede ser buscada intencionadamente –como Don Pasamano–, fruto de percepciones, o una mezcla de ambas, como parece ser el caso de Romero. Por un lado, fue uno de los “12 apóstoles” del primer gobierno de García y, luego, fue filmado en la salita del SIN de Vladimiro Montesinos. Por el otro, como señala el consultor en comunicaciones y profesor universitario Eduardo Zapata: “Si haces un imperio tan visible como el de Dionisio Romero, la percepción es que necesariamente debes estar arrimado al poder”.

Esta lógica también es clara en el caso de los economistas: el más poderoso es el ministro de Economía, seguido por un ex primer ministro (Pedro Pablo Kuczynski –PPK–) y dos profesionales que, desde la consultoría, han tenido varios momentos de cercanía con el poder político (Hernando de Soto y Fritz du Bois) y el presidente del Banco Central de Reserva. “Es interesante que PPK o Du Bois sean considerados más influyentes que Julio Velarde, en la medida en que sugiere que a los encuestados nos les preocupa la política monetaria o cambiaria, pues perciben que son manejadas con seriedad”, dice Secada. “Sin embargo, este relativo desinterés parece olvidar lo complicada que fue la última elección del directorio”, añade el economista.

Para Zapata, una situación similar se aprecia en el resultado referido a los abogados más influyentes: luego de Jorge Avendaño –más reconocido por su prestigio como jurista y su presencia en puestos como el decanato del Colegio de Abogados de Lima, así como en medios– los otro cuatro miembros del top five tienen ligazón con la política: Javier Valle Riestra, actual congresista y dirigente aprista de viejo cuño; José Ugaz, ex procurador ad hoc para casos de corrupción; Jorge Santistevan de Noriega, ex Defensor del Pueblo; y César Nakasaki, abogado del ex presidente Alberto Fujimori (y de otros personajes como Magaly Medina).

Medios de poder

El caso de Nakasaki, defensor de no pocas causas televisivas, refleja un segundo modo de acercarse al poder: la presencia mediática. Y es que, muchas veces, quienes responden la encuesta tienden a equiparar poder e influencia con recordación. “Muchos resultados son el reflejo de la opinión mediática y no una muestra de que, en considerables ocasiones, el verdadero poder está en las sombras”, afirma Zapata.

El poder de los medios se manifiesta, también, en la construcción de percepciones que podrían orientar las respuestas de los encuestados. Eso ayudaría a entender que Keiko Fujimori aparezca en el duodécimo puesto del ranking de las mujeres con más poder (puesto que por poco representativo no llega a aparecer en el ranking que se publica en esta edición), a pesar de haber sido la congresista más votada en la última elección y de ser una de las líderes de la bancada fujimorista. “Keiko no es tonta, tiene su propio peso político y más poder que muchas de las mujeres que aparecen en el listado, pero la gente la percibe como una hija de papá. Es decir, el poder lo tiene el padre, no ella”, explica Zapata.

¿Y qué hay de los propios medios de comunicación que albergan a los periodistas más poderosos? Pues parece haber una identificación plena entre el medio y su director. “¿Por qué Augusto Álvarez Rodrich o Aldo Mariátegui son más poderosos que Alejandro Miró Quesada? Porque Álvarez Rodrich ‘es’ Perú.21 y Mariátegui ‘es’ Correo. Ellos se van y cambia todo, como cuando ocurrió al salir Juan Carlos Tafur de La Primera. El Comercio, en cambio, es una institución muy independientemente de quien la dirija”, argumenta Zapata.

Siguiendo la lógica mediática, la ONG más poderosa es el Instituto de Defensa Legal (IDL), conocido por su amplia exposición mediática, la cual incluye una revista (Ideele) y un programa de señal cerrada (Sin rodeos) propios. Además, estas organizaciones se han convertido en una ventana para diversos intelectuales alejados del poder político y limitados por la ausencia de producción editorial en muchas universidades. Sin embargo, como advierte Zapata, su poder es limitado, pues suelen estar sujetos a la agenda internacional que difunden las ONG, las cuales, por tanto, inclinan la balanza a su favor.

Esto explica que sean aquellos intelectuales con mayor independencia –tanto productiva como mediática– los que lideran la encuesta en su rubro: Mario Vargas Llosa, Julio Cotler y Hernando de Soto (“dueño” de su propia ONG, el Instituto Libertad y Democracia). Martha Hildebrandt, más bien, podría representar al intelectual de los setenta, que daba sustento a los políticos (reemplazado por el tecnócrata durante los noventa), aunque sus siestas en el Congreso de la República la alejarían de tal paradigma. Por otro lado, el factor mediático y la falta de producción académica también explicarían la ausencia de economistas del mundo académico en lugares prominentes, según Secada. “También depende del país. En uno en el que la institucionalidad es débil y la calidad de las políticas públicas muy pobre, la capacidad de los economistas académicos de influenciar la agenda pública es muy limitada”, añade.

Precisamente, el cuento de Ribeyro recuerda también la frágil institucionalidad que caracteriza al Perú. Pasamano consigue que el Presidente vaya al banquete que le ofrece y obtiene de él la promesa de una embajada en Roma y un ferrocarril a sus tierras. Sin embargo, a la mañana siguiente, lo despiertan los gritos de su mujer, espantada al leer en el diario que el Presidente había sido derrocado por un golpe de Estado.

Edición No. 1086 de Semana Económica, 2 de setiembre de 2007

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